Descubre el análisis más completo de DOOM: The Dark Ages
DOOM: The Dark Ages nos traslada al origen del mito, explorando la sangrienta guerra entre los Maykrs, los demonios del infierno y los legendarios Caballeros Centinela. Este capítulo, que actúa como precuela directa de DOOM Eternal, expande el universo del Slayer con una narrativa mucho más presente y elaborada, brindando el contexto necesario para comprender su cruzada contra las fuerzas del mal.
A través de escenas cinemáticas bien producidas y frecuentes a lo largo de la campaña, el juego teje una historia épica que explica el vínculo del Slayer con los Maykrs, su rebelión y su transformación en el arma de destrucción que todos temen. A diferencia de entregas anteriores, aquí la historia no es solo un complemento: es el motor que guía la acción.
Una jugabilidad reinventada: la furia se vuelve táctica
Aunque sigue siendo reconocible como un juego de DOOM, The Dark Ages introduce cambios fundamentales en el ritmo y diseño del combate. Si DOOM Eternal apostaba por la velocidad desenfrenada y la gestión agresiva de recursos, esta entrega opta por una aproximación más estratégica, sin sacrificar la intensidad.
El movimiento base del Slayer es más contenido, pero el sistema de esprintar ilimitadamente —activable desde las opciones— y la incorporación de un escudo multifuncional compensan con creces esta reducción aparente de velocidad. Este escudo no solo bloquea ataques, sino que introduce mecánicas nuevas como embestidas destructivas y un sistema de paradas (parries) que redefine el ritmo del combate.
El parry como núcleo del sistema de combate
El nuevo sistema de parry es tan central aquí como lo fue el dash en DOOM Eternal. Las señales visuales indican cuándo un ataque enemigo puede ser bloqueado o contraatacado. Al activar el escudo en el momento preciso, el jugador puede desviar proyectiles o aturdir enemigos cuerpo a cuerpo, creando ventanas de oportunidad devastadoras.
A medida que se avanza en la campaña, dominar este sistema se vuelve crucial, ya que los enemigos más desafiantes atacan en cadenas que requieren reflejos y precisión. El resultado es un combate fluido, rítmico y profundamente satisfactorio.

Tipos de misiones: variedad sin perder el enfoque
La campaña incluye 22 misiones que alternan entre tres formatos principales:
- Niveles tradicionales a pie
El grueso del juego se desarrolla en escenarios lineales con zonas abiertas que sirven como arenas de combate. Estas áreas están diseñadas para favorecer el uso del escudo, el sprint y las armas clásicas. Aquí se siente la esencia de DOOM en su estado más puro.
- Combate en zonas abiertas y dinámicas
Algunas misiones ofrecen escenarios más grandes donde el jugador debe cumplir objetivos mientras lidia con oleadas de enemigos. Estos mapas recuerdan a los enfrentamientos más caóticos de DOOM Eternal, potenciando la escala y el desafío.
- Secciones especiales con dragones y mechas
En ciertos momentos, el jugador monta a Serrat, un dragón cibernético que sirve como transporte y arma aérea. Estas secuencias no buscan profundidad mecánica, pero aportan variedad y espectacularidad visual. Además, se incluyen fases con el Atlan, una gigantesca armadura de guerra que ofrece un enfoque más simplificado, pero igual de destructivo.
Gestión de recursos más accesible
Una diferencia notable respecto a Eternal es la menor presión por gestionar recursos como munición o salud. Aunque siguen existiendo recompensas por ejecuciones y exploración, el juego es más generoso con los suministros. Esto permite centrarse en el dominio del combate más que en el micromanejo del inventario.
Dificultad y personalización al gusto
La experiencia se adapta a todo tipo de jugadores. Desde modos accesibles hasta desafíos extremos como Ultra-Nightmare, la dificultad puede personalizarse con detalle: tamaño de la ventana de parry, agresividad enemiga, daño recibido, velocidad del juego… Incluso se puede alterar el campo de visión (FOV), una rareza en consolas.
Gráficos sólidos y rendimiento impecable
DOOM: The Dark Ages luce espectacular. Gracias a la tecnología id Tech 8, el juego se mantiene a 60 fps estables en todo momento. Las texturas, la iluminación y la destrucción ambiental (como estructuras de madera que se deforman con realismo) contribuyen a una atmósfera medieval oscura, aunque el uso de una paleta de colores más apagada puede parecer menos impactante que la estética vibrante de Eternal.
Sonido de guerra: música, armas y voces
La banda sonora, compuesta por Finishing Move, cumple con creces su rol de elevar la tensión y emoción en combate. Aunque quizás no alcanza los himnos icónicos de entregas anteriores, mantiene el espíritu de brutalidad rítmica. Las armas suenan como cañones, y el diseño sonoro en general refuerza cada impacto. Como novedad, el Slayer tiene diálogo (aunque breve), lo que añade un toque humano al mito.
Conclusión: una nueva era de violencia refinada
DOOM: The Dark Ages es mucho más que una precuela. Es una evolución valiente de la fórmula DOOM, que arriesga y gana al ofrecer una experiencia diferente sin perder su esencia. Con una campaña extensa, un sistema de combate profundo y un enfoque narrativo más presente, se posiciona como uno de los shooters más completos y pulidos del año.
¿Vale la pena?
Sin duda. Ya sea por su historia más elaborada, su combate reinventado o su impecable apartado técnico, The Dark Ages tiene argumentos de sobra para estar entre los grandes lanzamientos del año. Y para muchos fans, es ya el nuevo referente de la franquicia.
